Criar con fe

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Criar con fe: el camino de una madre cristiana criando dos hijas pequeñas

Ser madre ya es un desafío en sí mismo, pero ser madre cristiana añade una responsabilidad aún más profunda: no solo criar hijas sanas, felices y seguras, sino también formar corazones que conozcan y amen a Dios.

Crío a mis dos hijas pequeñas en un mundo que avanza rápido, que grita muchas verdades diferentes y que muchas veces va en dirección contraria a los valores que deseo sembrar en ellas. Y aunque no siempre es fácil, he aprendido que Dios no me llamó a ser perfecta, sino presente, consciente y dependiente de Él.

Criar desde el ejemplo, no solo desde las palabras

Una de las mayores lecciones que he aprendido es que mis hijas aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Pueden olvidar un consejo, pero no olvidan cómo reacciono cuando estoy cansada, cómo hablo cuando me equivoco o cómo oro cuando no tengo fuerzas.


Criar con fe significa:


  • Pedir perdón cuando me equivoco.
  • Mostrarles que también necesito a Dios.
  • Enseñarles que la oración no es solo para la iglesia, sino para la vida diaria.


Cuando me ven orar en momentos difíciles, entienden que Dios es refugio real, no solo una historia bíblica.


Enseñar a Dios en lo simple de cada día

La crianza cristiana no se limita a leer la Biblia antes de dormir (aunque eso también es hermoso). Está en los detalles cotidianos:


  • Agradecer por la comida.
  • Orar antes de salir de casa.
  • Hablar de Dios cuando algo bueno sucede… y también cuando algo no sale bien.

Con dos niñas pequeñas, he descubierto que Dios se enseña mejor con amor que con imposición. A su nivel, con palabras sencillas, con canciones, con actos de bondad.

Educar el carácter más que la conducta

Como madre, es fácil enfocarse solo en corregir comportamientos: que obedezcan, que no griten, que compartan. Pero como madre cristiana, mi mayor meta es formar su carácter.

Más que niñas “bien portadas”, quiero hijas:

  • Compasivas.
  • Respetuosas.
  • Empáticas.
  • Con temor de Dios en su corazón.

Eso implica paciencia, repetición y mucha oración. Porque hay días en los que el cansancio pesa, pero recuerdo que Dios también está trabajando en mí mientras trabajo en ellas.

Confiar a mis hijas a Dios

Uno de los actos de fe más grandes como madre es entender que mis hijas no me pertenecen, le pertenecen a Dios. Yo soy instrumento, guía y cuidadora, pero Él es su verdadero Padre.

Hay días de miedo, de dudas, de sentir que no lo estoy haciendo bien. En esos momentos recuerdo que:es confiar, soltar y volver a entregar.

Una crianza imperfecta, sostenida por Dios

No crío hijas perfectas, ni soy una madre perfecta. Pero crío con la convicción de que Dios camina conmigo en este proceso, que Él suple lo que me falta y que su amor cubre mis errores.

Ser madre cristiana criando dos niñas pequeñas es un llamado diario a la humildad, al amor y a la fe. Es sembrar hoy, aunque no vea el fruto inmediato, confiando en que Dios hará crecer la semilla en su tiempo.


Comentarios

  1. Me pareces una madre muy sabia, al designar a Dios como el gran ayudador en la crianza de tus hijas. De igual manera considero tu contenido muy valioso, el cual puede servir a muchas madres en esta gran tarea de educar y criar.

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