Cuando obedecer a Dios parece ir contra la corriente
Vivimos en una sociedad que nos enseña que el éxito se mide por cuánto dinero ganamos, cuántas cosas poseemos o qué tan rápido alcanzamos nuestras metas. Nos repiten constantemente que debemos aprovechar cada oportunidad para producir más, vender más y ganar más. Sin embargo, el llamado de Dios muchas veces apunta en una dirección completamente diferente.
Como hijos de Dios, no estamos llamados a seguir la corriente del mundo, sino a vivir conforme a Su voluntad, aunque eso implique tomar decisiones que otros no comprendan.
Un llamado contracultural
Jesús nunca prometió que seguirlo sería el camino más fácil. Al contrario, nos enseñó que el discipulado implica negarnos a nosotros mismos.
"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame." (Mateo 16:24)
Negarnos a nosotros mismos no solo significa renunciar al pecado. También implica renunciar a oportunidades que podrían parecer buenas desde una perspectiva humana, pero que no están alineadas con el propósito de Dios para nuestra vida.
En un mundo que dice: "Haz lo que te haga ganar más dinero", Dios puede decirnos: "Permanece donde estoy formando tu carácter."
Mientras todos dicen: "Acepta ese negocio, aunque tengas que comprometer tus principios", Dios nos llama a permanecer íntegros.
Y aunque parezca una pérdida, en el Reino de Dios la obediencia nunca es una pérdida.
Cuando decir "no" también es un acto de fe
No toda oportunidad proviene de Dios.
Hay trabajos que ofrecen mejores ingresos, pero destruyen la vida familiar.
Hay negocios que prometen grandes ganancias, pero requieren engañar a otros.
Hay proyectos que parecen abrir puertas, pero nos alejan del tiempo con Dios, de nuestra iglesia o de la misión que Él nos ha confiado.
En esos momentos, obedecer significa confiar en que Dios conoce el panorama completo, incluso cuando nosotros solo vemos lo inmediato.
La fe no consiste únicamente en creer que Dios puede hacer milagros. También consiste en creer que Él puede sostenernos cuando decidimos obedecerle.
La presión del entorno
Quizá lo más difícil no sea renunciar al dinero, sino enfrentar la opinión de quienes nos rodean.
Escucharemos frases como:
"Estás dejando pasar una gran oportunidad."
"Con esa decisión nunca vas a progresar."
"Hay que ser más práctico."
"Todo el mundo lo hace."
Pero nuestra vida no está llamada a ser guiada por la opinión de la mayoría, sino por la voz del Buen Pastor.
Muchas veces, las personas juzgan nuestras decisiones porque solo ven el presente. Dios, en cambio, ve nuestro futuro, nuestro corazón y el propósito eterno que está formando en nosotros.
La provisión de Dios nunca depende únicamente de nuestro esfuerzo
Una de las mayores luchas del creyente es creer que, si no aprovechamos todas las oportunidades económicas, Dios dejará de proveer.
Sin embargo, la Biblia nos recuerda una verdad poderosa:
"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." (Mateo 6:33)
Buscar primero el Reino no significa vivir irresponsablemente. Significa colocar la voluntad de Dios por encima de cualquier beneficio económico.
Dios sigue siendo Jehová Jireh, el Dios que provee.
Su provisión no depende únicamente de nuestro salario, de un cliente o de un negocio. Nuestra fuente nunca ha sido un empleo; nuestra fuente siempre ha sido Él.
La obediencia produce paz
Quizá la obediencia no siempre produzca riqueza inmediata.
Quizá implique esperar más tiempo.
Quizá otros avancen aparentemente más rápido.
Pero hay algo que el dinero jamás podrá comprar: la paz de saber que estamos caminando dentro de la voluntad de Dios.
No existe éxito material que compense una conciencia inquieta por haber desobedecido al Señor.
En cambio, una vida sencilla, sostenida por la mano de Dios y guiada por Su Espíritu, vale mucho más que cualquier riqueza obtenida sacrificando los principios bíblicos.
Una invitación a confiar
Tal vez hoy estés frente a una decisión difícil. Quizá una oportunidad económica parece muy atractiva, pero en tu corazón sabes que Dios te está llamando a otro camino.
No tengas miedo de obedecer. Dios jamás abandona a quienes deciden honrarlo.
La obediencia puede parecer un sacrificio por un momento, pero siempre produce frutos eternos. Recuerda que nuestro llamado no es impresionar al mundo, sino agradar a Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
Que nuestra mayor seguridad no esté en una cuenta bancaria, sino en las promesas de Dios. Él sigue siendo fiel, sigue sosteniendo a sus hijos y sigue proveyendo para aquellos que deciden confiar en Él por encima de cualquier otra voz.
"Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas." (Proverbios 3:5-6)

Amén. Nuestro amparo y fortaleza siempre será Jehová de los ejércitos. El es nuestra ayuda y proveedor. En Él confiamos
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